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22 enero 2012

Lo viejo que no quiere morir, lo nuevo que no termina de nacer.

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La semana pasada quedará grabada en los futuros ebooks dedicados a la historia de la sociedad-red. En pocos  días quedó claro que vivimos un tiempo de transición donde, como resumí en un tweet, "lo viejo que no quiere morir, lo nuevo que no termina de nacer". Si damos un vistazo veloz a los eventos de la semana pasada, cada uno de ellos daría para varios posts.

Cómo se dice #sopa en castellano? #leysinde
La movida social contra el Stop Online Piracy Act (SOPA) fue uno de los primeras movilizaciones online que vio involucrada en primera línea a empresas y organizaciones fundamentales del mundo digital (comenzando por la Wikipedia). Si en España sobre todo se ocuparon plazas contra la Ley Sinde (contribuyendo en cierta forma a la explosión posterior del Movimiento 15M), en Estados Unidos se optó por realizar el blackout de los sitios que visitamos a diario.  Entrar en la Wikipedia (versión en Inglés) y encontrarse una página negra en señal de luto fue una experiencia muy fuerte. Por el momento parece que el Congreso de Estados Unidos paró la maquinaria interna y está volviendo a contar los votos. Todo muy lindo y romántico hasta que...

El FBI en acción
Lo confieso: tengo un sentimiento ambivalente respecto al affaire Megaupload. Estoy convencido de la necesidad de: 1) Defender a capa y espada el principio de neutralidad de la red; 2) Buscar nuevos modelos legales que regulen la producción, distribución y consumo cultural (por ejemplo el Creative Commons). Pero cuando veo a ese desagradable personaje llamado Kim Dotcom me vienen náuseas. Me gustó el post Megaupload o el negocio de la red de Xabel Vegas:  

"... la finalidad de Megaupload no era la expresión de ideas sino la venta de unos contenidos. Se trataba sencillamente de una empresa que realizaba transacciones comerciales con un producto elaborado por unos creadores que no participaban de los beneficios multimillonarios. No es que la riqueza generada por Megaupload estuviese mal repartida sino que no existía reparto alguno... Me parece legítimo que se puedan distribuir libremente contenidos con un fin social, cultural o de mero intercambio personal. Pero cuando existe ánimo de lucro y hay unos beneficios, estos deben ser repartidos entre todos los que participan en la creación y distribución del contenido. Y eso es justamente lo que no hacía Megaupload."

Y atención a esta frase:

"Megaupload era la máxima expresión de la desregulación a través de la red; justo lo que muchos criticamos en otros sectores de la economía."

El impacto de estas medidas, como sabemos, es más mediático que otra cosa. Por cada Megaupload que caiga, emergerán cinco sitios nuevos (Five Great Alternatives to MegaUpload). Por otra parte, los sistemas Peer-to-Peer son imposibles de bloquear porque los archivos no se encuentran en ningún servidor sino diseminados en todo el planeta. Ante esta realidad, sería mejor que el FBI dejara de ser el brazo armado de las grandes corporaciones de la era analógica y se dedicara a investigar cosas más útiles, por ejemplo las filtraciones entre mundos paralelos (ver Fringe).



Kodak R.I.P.
Lo viejo que muere. Una empresa clave de la industria de la imagen analógica, que configuró un mercado hace un siglo y lo hegemonizó hasta sacarle la última gota de jugo, tira la toalla sin pena ni gloria. Como escribe John Naughton "Kodak is like Coca-Cola, a brand-name that defined an industry". Kodak, como tantas otras empresas, terminó siendo víctima de una combinación de interfaces y tecnologías disruptivas. Todo lo sólido se disuelve en el aire. El proyecto Kodak Moments impulsado por The Guardian invita a sus lectores a enviar fotos tomadas con cámaras o rollos Kodak. Ahora llega la hora de la nostalgia. Kodak, la empresa de los recuerdos, es ahora ella misma una foto en el viejo album de la era analógica.

The iBook revolution? Apps or contents?
El primer gran anuncio de Apple después de la era Jobs nos deja un sabor agridulce. No me esperaba un sistema textual totalmente abierto a la Google, pero tampoco un esquema tan cerrado. En breve: Apple renueva su aplicación iBook para leer textos, pero ahora la acompaña con un programa gratis -iBooks Author- para crear hermosos libros interactivos y multimedia. Hasta aquí todo genial. Desde hace un par de años pido a gritos que alguien desarrolle un Hypercard para iPad, el software de Bill Atkinson que llevó la "programación a las masas" en el lejano 1984. Sin embargo los de Apple se pasaron de listos y pretenden obligar al usuario a distribuir su iBook sólo a través del iBook Store (y cobrar un porcentaje por la venta). Es como si cada canción creada con Garage Band tuviera que ser distribuida en el iTunes Store o, siempre jugando con las analogías, como si cada imagen creada con Photoshop debiera ser distribuida exclusivamente través de Flickr.

Las críticas no se hicieron esperar (The dark side of Apple’s digital textbook utopia). Yo también creo que este tipo de lógicas tan cerradas ponen barreras muy altas a la efectiva democratización de los textos por la vía digital. En el fondo se especula con convertir a los "contenidos" en "aplicaciones": sabemos que los primeros suelen ser gratis, mientras que las segundas tienden a ser de pago. La llegada del iPad convirtió a los viejos contenidos gratis (por ejemplo la revista Wired online) en aplicaciones de pago (Wired app), y esta es la lógica detrás del iBooks Author. Apple debería habilitar ambos entornos y dejar que sea el autor quien decida si distribuir su iBook (de manera gratuita o comercial) en el App Store -como si fuera una aplicación- o por otros canales, como si se trata de un tradicional contenido digital.

Demasiadas cosas para una sóla semana. Señal de que la transición se acelera, los viejos actores tratan de adaptarse (algunos lo logran, otros se extinguen) y los nuevos irrumpen introduciendo innovadoras lógicas en un ecosistema tecnológico efervescente y en estado de constante mutación. Como en el Renacimiento o la Revolución Industrial, un viejo mundo se desintegra y otro emerge.

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1 Comments:

Anonymous Gonzalo Martín said...

¿Y por qué no el dominio público por defecto? ¿Y por qué no una agenda destinada a reducir las prerrogativas de copyright y patentes a las capas más finas posibles?

Después de todo, la legislación nació para estimular la educación, la ciencia y las artes. Y hoy sabemos que el que sean libres estimulan como nada la creación y la educación. No digamos la ciencia, donde una patente bloquea la investigación.

Creative Commons termina siendo el mismo perro con distinto collar: aceptar que el "autor" es tan terriblemente original que tiene todo el derecho a decidir la transformación de su obra.

Finalmente, el tránsito de un mundo a otro podría hacerse de un modo más o menos razonable, pero nos tropezamos con el poder de influencia para proteger industrias. Así que el señor gordo de Megauoload ya no me cae tan mal. Después de todo, lo de la vida obscenamente ostentosa no es nada que no haga una estrella de Hollywood y no les empapelan: ha ganado su dinero y lo gasta como quiere. Porque trabajar, ha trabajado, alguien tenía que comprar los servidores y diseñar el servicio... algo que pudieron hacer muchos. Lo de "robar" ya es seguramente una circunstancia histórico-legal.

Dicho eso, yo también tengo sentimientos ambivalentes: porque creo en un proceso de desregulación progresivo. Mucha gente ha hecho inversiones legítimas basados en un sistema legal que dota ese monopolio sobre el tenedor de derechos. Y eso debe contemplarse.

febrero 13, 2012

 

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