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13 agosto 2009

Alejandro Piscitelli: el Lonely Planet de las ciberculturas.

Llego unos meses tarde, pero no muy tarde (se presentó el 8 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires) como para abandonar mi original idea de reseñar el último trabajo de Alejandro Piscitelli, Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación (2009. Santillana). Intentaré complementarla con el análisis que hizo Carlos Scolari en mayo pasado en digitalismo y en su Hipermediaciones. Pueden seguir las repercusiones del libro en el blog que Alejandro construyó a tal efecto.

La Lonely Planet es mi guía turística favorita. Hace foco en lugares diferentes, se sale del circuito tradicional e investiga en base a lo que hacen y reinventan los nativos de cada ciudad. Este mismo trabajo hace Alejandro y por eso el título de este post. Tanto para Carlos como para mi, Alejandro es nuestro digitalista honorario y siempre estamos atentos a lo que escribe y hace. Piscitelli te obliga a pensar en forma hipertextual en cada uno de sus trabajos. Te lleva casi compulsivamente a Amazon y a Google para revisar sus lecturas. Te invita a bajar artículos y pdfs en la red. Esta lectura proactiva que propone es lo más valioso de su trabajo, porque contribuye a elaborar pistas precisas hacia donde tenemos que caminar quienes trabajamos con las ciberculturas. En su último trabajo, Piscitelli trabaja en bloques temáticos y en todos hace un zoom profundo acompañado de lecturas referenciales. Sus notas a pie de página son tan valiosas como su guión principal y como bien él señala: “Vivir en un mundo de transformaciones significa que quien no avanza, retrocede”. Y eso es lo que hace todo el tiempo Piscitelli, caminar un paso adelante para analizar nuestro ecosistema digital, y con él, avanzamos los lectores. Alejandro cultiva la filosofía del aprendizaje toda la vida, reivindica la inseguridad signo de los tiempos, “una etapa“post-casual que conduce a la indeterminación y a la contingencia radical y a la inseguridad crónica” y alienta la sociedad del riesgo “no son formas tecnológicas que podrían – y deberían- curarse, sino una consecuencia inevitable de la aceleración de la modernidad.”

El libro analiza a los nativos digitales como una nueva clase cognitiva y redefine las categorías del ecosistema, aportando profundidad en la integración de los colonos digitales, los excluidos, y quienes por su situación socioeconómica ni siquiera pueden ser categorizados. Destacaré sólo algunos ejes que son de mi mayor interés:

Los intereses adultocéntricos en la educación formal.

Piscitelli se pregunta ¿Por qué se da ese choque de expectativas entre lo que los profesores esperamos y lo que realmente sucede con el rendimiento de los alumnos? Y responde: “El error es que los alumnos se ven a ellos mismos como receptores de nuestro conocimiento. Pero quien trabaja más intensamente, tiene mayor actividad cognitiva y se forma mejor cuando el profesor expone es el propio profesor. “

Hipercrítico con las viejas metodologías educativas, Piscitelli concentra mucha de su atención en los nuevos formatos basados en Internet y hasta se anima a cuestionar al libro como vehículo central del aprendizaje. “Los docentes dejarán de ser grandes contadores de historias para ser mediadores, posibilitadores. Docentes polialfabetizados (…) la escuela del futuro es impensable sin un desarrollo sistémico de las competencias digitales. (…) La educación necesita prosumers. Docentes expertos en inteligencia emocional y en persuasión.” Para clarificar su argumento, Piscitelli menciona las competencias transmediáticas (Jenkins) que un docente debería poseer: juego, performance, simulación, apropiación, mutitasking, cognición distribuida, inteligencia colectiva, juicio, navegación transmedial, networking, negociación.

El autor no sólo hace foco en cuestionar los formatos, sino también los contenidos. “Estamos enseñando teorías y conceptos que no son significativos para una época que ya fue, y con modalidades anacrónicas, que cada vez interesan menos a los jóvenes. (…) nos escandalizamos cuando nos hacemos eco de sus practicas mediáticas, de su exhibicionismo impúdico, de su mentalidad gregaria y de su escala de valores tan poco compatible con la tradicional.” No conforme con esa profunda crítica, hace un planteo provocativo que no comparto. “La publicidad entiende mucho mejor al receptor que la educación, lo logra seducir, provocarle deseo de comprar algo, aunque sea totalmente irrelevante. Sin embargo la educación –un producto relevante para toda la sociedad- no logra provocar el deseo de los consumidores.”

Haré matices al respecto de su lectura del presente de la educación formal.
1. No creo que sea la publicidad (otra “institución en crisis”) la que seduzca a los consumidores, sino algo más complejo vinculado a la propia dinámica de consumo de los usuarios, o lo que Tuomi llama “la innovación usuario-céntrica”. El tema es complejo, pero descreo cada vez más del rol de la publicidad en la construcción del imaginario de consumo de los usuarios. Por otra parte, es imprescindible señalar desde donde se habla y a cuales universidades y entornos educativos nos referimos. Seguramente Piscitelli escribe pensando en Argentina y Latinoamérica y no le falta razón. Pero mi experiencia europea en España y la americana en Stanford University me dice que existen instituciones educativas y/o profesores que logran un sentido de pertenencia de sus usuarios tan relevante que se convierten en marcas reconocidas. Y ese sentido de pertenencia es de por vida transmitido en el valor de “pertenecer” a dicha institución (algunas universidades latinoamericanas de élite podrían entrar en esa categoría como el TEC de Monterrey, por ejemplo). El problema lo tienen las “marcas blancas” de la educación, las instituciones que no han sabido o podido construir prestigio a su alrededor y que se convirtieron irremediablemente en un costoso parking de jóvenes antes de ingresar al mercado laboral y en un aún más costoso espacio de profesores sin voluntad de crecer profesionalmente, sin redes internacionales y muy cómodos en su rol funcionarial, sin exigencias meritocráticas ni competencia real, cómodos en la cultura endogámica que les ofrece el sistema (pienso en España donde la tasa de endogamia es altísima).

Piscitelli afirma que “la educación debe convertirse en industria del deseo si quiere ser industria del conocimiento”. Considera que las TICs no servirán para recuperar el interés del alumnado y hace énfasis en las limitaciones docentes para adaptarse a los nuevos tiempos cognitivos. Me pregunto: ¿Cuál es la responsabilidad de los alumnos en todo este proceso? Cuál es su voluntad de pasar de sujeto pasivo a activo de su propia educación? Ojo! Yo no endiosaría tanto a la generación Einstein, ni a los jóvenes universitarios. Hablo desde mi propia experiencia docente. Dispersión, falta de compromiso y de ética del esfuerzo, escasa serendipia y curiosidad, etc, también son variables que equilibran la balanza negativa y ubican al problema educativo como una crisis general en la que toda la sociedad tiene responsabilidad. Si bien es correcto a nivel etario, a nivel de la praxis no es cierto que todos los adultos sean migrantes digitales y todos los jóvenes nativos digitales. Muchos “nativos digitales” no están siquiera tan digitalizados como deberían. Para muchos de ellos, Facebook es su única killer app.

Me parece muy clarificadora y adecuada la diferenciación que hace entre la dimensión cognitiva ( la única que se evalúa) y la emocional. “Explicar contenidos debería ser sólo una de las reglas del juego educativo. Pero actualmente canibalizó al resto.” Una de las razones que explican porque algunas universidades de élite son tan eficientes y productivas en su formato educativo es la experiencia emocional de “pertenecer” y “sentirse integrado”, más allá de lo que ofrecen sus cursos (de hecho muchos de esos cursos son ofrecidos gratuitamente en ItunesU). Otra variable que, en su rol de guardería, las universidades marcas blancas no pueden desarrollar eficientemente.

2. Rechazo el ambiente autolimitador de la periferia educativa de los países del Tercer Mundo. Una excusa habitual es: “no hacemos porque no tenemos condiciones”. Pero siempre hay condiciones propicias de donde partir. El inmovilismo es un loop infinito de ineficiencia. En el último número de Stanford Social Innovation Review hay una cita que me parece genial:

"The biggest obstacle to reducing poverty is not low-income communities' lack of capacity, but society's stereotype they are unable to help themselves."

Piscitelli afirma: “hacer primero, luego preguntarse” y allí está precisamente la clave. Volviendo a la universidad marca blanca, mi experiencia en la universidad argentina (Latinoamérica quizás tenga los mismos parámetros, pero no tengo experiencia para hablar de ello) me indica que se habla mucho, se teoriza mucho y se hace poco. La investigación y la publicación en journals es un nicho demasiado pequeño en el ambiente de la educación superior y es prácticamente inexistente en las ciencias sociales.

3. Piscitelli analiza que “el siglo XXI es el de las culturas post-figurativas (..) donde los adultos aprenden de los niños y viceversa (…) en ese mundo hipercomplejo, los chicos están obligados a pensar como grandes: analizando redes sociales complejas, administrando recursos, siguiendo narrativas entrelazadas sutiles, reconociendo patrones de largo alcance (…). Y los grandes como chicos, multiplicando preguntas, arriesgando hipótesis, rompiendo moldes, descreyendo de conocimientos y conceptos fosilizados.”. Creo que siempre fue así. Quizás no debamos pensar que vivimos un período educativo “más revolucionario” que otros en la historia. El ser humano suele sobreestimar la importancia de los nuevos inventos y transformaciones (las que sufre en carne propia) y desestimar las transformaciones previas con los que vivimos toda la vida, porque al estar dadas originalmente en nuestro primer aprendizaje, hace que no veamos tanto sus anteriores promesas como sus debilidades. Bob Seidensticker (2006) es muy crítico el supuesto mito del cambio tecnológico afirmando que nos comportamos como niños ante el nuevo juguete y olvidamos el juguete que nos fascinaba cuando nos lo regalaron en el cumpleaños anterior. Siempre estamos fascinados con el próximo nuevo artilugio tecnológico y el cambio que trae.

Videojuegos y cultura televisiva o cómo repensar la investigación de dichos formatos (Everything is bad is good for you).

Un capítulo excelente sobre los videojuegos y su evolución análitica y bibliográfica. Ideal para lectores (como yo) que no tenemos un know how profundo en el tema. Piscitelli señala que la discusión sobre los videojuegos tuvo tres fases: “Primero se lo desacreditó frente a la cultura del libro. Cuando creció la industria, el mundo académico comenzó a tomarle cariño y lo transformó en una forma de sus narrativas. Ahora se fue mucho más a fondo reivindicando la “especificidad” del formato.” Un capítulo sobre la cultura televisiva, de la mano del análisis de las series americanas muy en la línea de Johnson (2005): “Series hipercomplejas, cerebros hiper-estimulados. (…) TV: Cognición diversifica y compleja. (…) Gran presión sobre las capacidades cognitivas de los ciudadanos”. Me fascina esta cita: “Los medios han perdido estatura moral y capacidad de liderazgo ético pero han ganado en realismo y en crudeza, mostrándonos el mundo tal cual es (…) Los medios no tienen porque ser el faro de la moral burguesa.”

Sobre la evolución de las redes sociales.

Piscitelli va más allá de lo que Cristóbal Cobo y yo analizamos en Planeta Web 2.0 y trabaja la desaparición de la barrera entre experiencias “virtuales” y “reales” considerando que “las redes ya no están conectadas por el lazo social per se sino por ligazones sociotécnicas (…) Las redes no son físicas ni espaciales.” Experiencia real y virtual ya son “casi” lo mismo y a diferencia de lo que vivimos en la etapa preWeb construimos las redes según nuestros propios intereses, sin tener demasiado en cuenta la barrera física o de los grados de separación. ¿Quién puede afirmar a esta altura del consumo de las redes sociales que los amigos de Facebook no son amigos? Si la amistad está dada por el tiempo que dedicamos a cultivar una relación, puede que en muchos casos ocupemos más tiempo en estos amigos virtuales que en los reales.

Volviendo al debate entre la sabiduría de las multitudes o el culto a lo amateur, Piscitelli escribe: “Una gran tensión atraviesa la cultura contemporánea a partir de la oposición creciente entre expertos y legos, entre especialistas y autoformados, entre acreditados y voluntaristas que acudiendo a herramientas cada vez más sofisticadas y sobre todo a redes sociales niveladoras, de pronto están en iguales condiciones que los expertos para generar conocimiento, anticipar tendencias, embocar predicciones, o en general “saber”."

Hago un stop en la reseña para invitarlos a leer el libro. A posteriori de la edición del libro, Alejandro Piscitelli ha sido entrevistado por varios medios. Destaco la entrevista en el periódico argentino Página 12 y la presentación en la Feria del Libro de Buenos Aires.

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5 Comments:

Blogger Hugo Pardo Kuklinski said...

Una reseña de mi reseña. Marcas blancas y educación, por Emilio Quintana.

http://www.nodosele.com/blog/2009/08/13/marcas-blancas-y-educacion/

agosto 13, 2009

 
Blogger marcelo said...

Me encantó. Veo indicios claros de algo que está cambiando. Felicidades.
PA: Algún día hablaremos del par cognición - emoción pues dificilmente haya proceso en donde no se pongan en movimiento juntas.

agosto 14, 2009

 
Blogger Hugo Pardo Kuklinski said...

Exacto Marcelo. Alejandro habla sobre esto a fondo en su libro, centrado al ámbito educativo. El par cognición - emoción probablemente condiciona todas las prácticas sociales, es inherente al ser humano, aunque no soy un especialista en el tema.

agosto 14, 2009

 
Blogger Anaclara Dalla Valle said...

Casualmente, tuve la misma impresión cuando leí de forma voraz el libro de mi gran "maestro no formal". Alejandro es algo más que una guía desde hace un tiempo, y leerlo, es todo un análisis de su sangre.
Soy la nativa digital que lo acompañó en la presentación, y sentí la lectura tanto como vos. Proactiva, ruidosa, hiperlinkeada, "interneteana". Poco influyó el formato, porque lo que respetó, fue la dinámica de la red.

Tomo -entre tanto- de tu buenísima nota: "un docente debería poseer: juego, performance, simulación, apropiación, mutitasking, cognición distribuida, inteligencia colectiva, juicio, navegación transmedial, networking, negociación" y "A nivel de la praxis no es cierto que todos los adultos sean migrantes digitales y todos los jóvenes nativos digitales. Muchos “nativos digitales” no están siquiera tan digitalizados como deberían. Para muchos de ellos, Facebook es su única killer app."

Absolutamente de acuerdo. Los docentes como mediadores, tienen un buen trabajo por delante -al menos en estos pagos- pero los alumnos, también lo tenemos. Lo digo como estudiante de segundo año de universidad, que no soporta ver compañeros bostezando y durmiéndose en los salones -no sólo por la falta de pasión de una clase, sino por su apatía de alumnos procedimentales-, ni profesores amantes del broadcast.
Sí, nos falta mucho para ser como universidades españolas y from Stanford. Pero en El Proyecto Facebook, está la clave. Ante la resistencia sabida, más resistentes. Ante los impedimentos, más fuerza, más creatividad, más rupturas, más maestro ignorante, más edupunk. Somos concientes del momento maravilloso en el que estamos.
Y Alejandro -como vos, como Carlos, como tantos referentes- son reales exprimidores de las venas digitales. Menos más que los podemos seguir -por tweets, por rss, por enlaces, por...Gracias por compartir la lectura.

agosto 14, 2009

 
Blogger Hugo Pardo Kuklinski said...

Ojo que España no es un paraiso. Y probablemente este a la cola de Europa en ética del esfuerzo del alumnado (es una presunción según los datos de PISA y otros). Pero seguramente está un paso por delante de lo que sucede en latinoamerica, donde la crisis universitaria y educativa en general es muy pero muy profunda y se hace realidad en las propias economías nacionales, dependientes tecnológicamente, con bajos o nulos niveles de emprendeduría e innovación, etc, etc, etc.
Seguimos el debate...

agosto 14, 2009

 

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