Twitter and shouts.
Me dejó bastante sorprendido la polémica alrededor de algunas apreciaciones de mi colega Hugo Pardo sobre Twitter. A algunos no les gustaron sus palabras, a otros le cayeron bien, hay quien criticó no tanto su opinión sino la forma de exponerla… Mucho ruido pero también muchas nueces. Parece increíble que estos pequeños microtextos cotidianos levanten tanta polvareda. Un aleteo de un twitter en California genera un tornado en la blogosfera... Por algo será.Más allá de las expresiones críticas o favorables a esta práctica, los microtextos elaborados en el entorno de Twitter merecen una mirada más tranquila, menos apasionada y con espíritu crítico. Cualquier fenómeno que despierte el interés (y las pasiones) de los sujetos se debería convertir inmediatamente en objeto de estudio científico (no siempre sucede: el cómic tardó medio siglo en entrar en la agenda de los investigadores).
Desde la semiótica podemos decir que los microtextos realizados en este entorno son como paratextos que el sujeto va dejando caer durante la jornada. Según Genette los paratextos rodean al texto, lo introducen y contribuyen a la construcción de su sentido. Por ejemplo una novela tiene a su alrededor una serie de textos “menores” que forman parte de su sistema: críticas, reseñas, biografía del autor en las solapas, entrevistas en los dirios, etc. Los paratextos producidos en Twitter también “rodean” al sujeto y pueden servir para “interpretarlo”. Son como huellas que nos permiten acompañar un camino de vida casi en tiempo real.
Estamos en presencia de una inédita experiencia de voyeurismo textual. No escribo tanto para que me lean, sino para que me vean. Es como si el autor sacara la llave de la puerta de su cuarto para que podamos mirar por el agujero. Los comentarios de Twitter se presentan como una versión verbal del flujo de imágenes producido por una webcam abierta 24 horas en nuestra habitación. La diferencia aparente estaría en que el autor decide qué contar (y qué ocultar) mientras que la webcam, en cambio, crearía una visión “en vivo y en directo”. Pura ilusión, ya que la webcam, como cualquier cámara televisiva, es tan subjetiva y manipulable como los paratextos escritos por los twitteros.
Respecto a la fama de algunos sujetos que magnetizan a sus “followers”, creo que no es más que una nueva expresion de la Ley de Zipft: si bien no tengo estadísticas en la mano, me atrevería a sostener que también en el universo Twitter un puñado de autores centraliza la atención de las mayorías. Nada nuevo. De todas formas, sería interesante analizar estos paratextos, ver si existen diferentes estilos, trazar una taxonomía de las retóricas de Twitter, etc. Tengo varios amigos que se dedican a estudiar el hipertexto y la narrativa interactiva: creo que Twitter les habilita un nuevo campo de estudio.
Pero tampoco descartemos las posibilidades narrativas de Twitter. ¿Qué pasaría si creamos un sujeto de ficción que cuenta hora a hora los microeventos de su vida? En ese caso estaríamos frente a una nueva forma atomizada de narración digital en tiempo real. Un híbrido entre el blog y el SMS. En un momento donde la cultura de masas tiende a atomizarse en pequeñas cápsulas (la "cultura snack" según Wired), la aparición de estos microrelatos no debería sorprender. SMS, twitter, clips, trailers, etc. no son otra cosa que pequeñas especies textuales que navegan en la semiosfera digitalizada. No descartemos efectos colaterales del "estilo twitter" en los jóvenes escritores de ficción.
También una lectura más psico-socio-antropológica (como la que en su momento hizo Sherry Turkle sobre las comunidades virtuales) sería bienvenida.
Eso sí, sin gritos, por favor.
Etiquetas: ciberculturas, web 2.0











1 Comments:
No estoy seguro de proponer algo lo suficientemente serio como para que no se me acuse de ensuciar algún entorno productivo pero siguiendo la propuesta de Scolari sobre las posibilidades del twitter como espacio virgen para el análisis me gustaría meter baza.
Mis últimas preocupaciones vinculadas a la aparición de la escritura (Havelock, Ong, McLuhan, Calvet, etc) como cambio cognitivo me llevan a pensar en eso que empezaron anunciando con más intuición que demostración tantos autores en los sesenta: el regreso a la oralidad y sus consecuencias. El modelo ha caducado o sólo se confirma y refuerza?
Sin duda en la mayoría de las miradas alguna forma de nostalgia sigue produciendo urticarias y discursos melancólicos sobre la calidad, las posibilidades y la inteligencia; cuando no discursos posibilistas y alucinados sobre deseos y potencialidades. Mucha pasión, sin duda.
Tal vez valdría la pena -y extender el modelo paratextual que propones, Carlos- para pensar en cambios profundos de orden epistemológico: el narrador, el lector, el protagonista, el sujeto de tanta historia y tanta dispersión, tanto poliespejo aguanta todavía una noción de identidad que elaboraron los románticos y los ilustrados con la prensa periódica y la secularización de la religión que se basa precisamente en esa noción fundamental y esencialista que todavía hoy día reifica la genética (es el futuro o más bien un resíduo de alguna de esas nostalgias?).
¿No parece que el cuento de contar el mundo pide otros referentes y otros protagonistas con personalidades más complejas y dispersas, sin tanto compromiso esencialista y sin tanta ideología monolítica o tanto valor fundamental? Y si fuera que todos esos que narran ahora su vida, ahora su saber, ahora su opinión, ahora su cena no son más que lo que somos todos, múltiples y dispersos?
Propongo un análisis de la narración sin miedo a encontrar, al fondo, un lector superficial y ágil, profundamente oral que cree (sin creer, claro) en heroes y olimpos, que domina la técnica y siente en presente. Tan apasionado y vivo como desatento al compromiso de una profunda ideologia humana que alguien le atribuye, y en la que no se reconoce: el hombre, escribía Foucault, se inventó en el s.XVII...
Nada, un remate que me vino a los pies. Sigan(mos) jugando que el partido está interesante.
saludos
mon
octubre 01, 2007
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