Pongamos que hablo de (hiper)Madrid.
Todavía no me había sacado el cansancio de encima por ir y venir en el día a Madrid para asistir al Seminario Internacional Pero hablemos de Madrid. Entre los muchos participantes del seminario estaban George Landow, Susana Pajares Tosca, Laura Borrás y unos cuantos investigadores no sólo españoles. Fue un placer poder charlar con muchos de ellos, conocer a investigadores como Domingo Sánchez-Mesa (un experto en literatura hipertextual que está enfilando hacia los videojuegos) e intercambiar ideas y proyectos con el Grupo de Investigación Literaturas Españolas y Europeas del Texto al Hipertexto (LEETHI) de la Universidad Complutense de Madrid.
Respecto a la conferencia de George Landow, lamentablemente no la pude evaluar a fondo porque llegué cuando estaba casi terminando. Los hipertextos que se mostraron a lo largo de la jornada no me conmovieron demasiado, poca usabilidad y diseño más bien escaso. O sea, productos ricos en su contenido y estructura -aunque no innovadores a estas alturas- que terminan eclipsados por interfaces de baja calidad. Pero lo que rescato es la pasión de sus creadores. Allá por el 1994, en una de mis primeras charlas con Alejandro Piscitelli, le comenté que lo más lindo de los hipertextos no es navegarlos, sino hacerlos. El placer de la escritura hipertextual es mucho más fuerte que el placer de su lectura. A menudo navegar en un hipertexto (didáctico o literario, como el famoso "Afternoon" de Michael Joyce) es aburrido, y después de seguir un par de enlaces la cosa se pone sumamente pesada... En cambio, escribir un hipertexto obliga a pensar en red, a descubrir/inventar enlaces y a experimentar un tipo de producción lejano de la linealidad de un Word.
Hablando de enlances, ya estoy preparando las maletas para el mega-congreso de
Etiquetas: congresos, hipertexto, universidad











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