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11 julio 2005

Los intelectuales: ¿superhéroes de las sociedades mediáticas?

portada steven fullerCumplo con mi compromiso de realizar un breve review del libro de Steve Fuller, The Intellectual (2005. Icon Books. Cambridge). Hice un adelanto del mismo en un post que levantó una mínima polémica entre digitalistas amigos.

Según mi interpretación, Fuller no pretende endiosar a los intelectuales, sino analizar su rol relevante en esta sociedad de la sobre-información. Ya mencione allí cuál es la idea central del libro: habla sobre el valor crítico de los intelectuales y su rol destacado en la observación de la realidad. Según Fuller, “la mayoría de la gente raramente decide creer en algo en particular, simplemente porque es más conveniente moverse entre un mundo ya equipado con creencias por defecto. El rechazo activo toma trabajo, la aceptación pasiva no. Los intelectuales ennoblecen a la humanidad proveyendo oportunidades para la resistencia. Estas son situaciones que nos fuerzan a tomar decisiones.” (2005:27)

No es una idea nueva, pero la opinión pública y el mercado de la información-entretenimiento parecen relegar a estos self-made man a un campo marginal de acción. Lo interesante es que el intelectual, bajo su visión escéptica, se opone a lo que la mayoría de la gente parece creer, probablemente bajo el pulgar del poder dominante. Así pretende plantar su duda crónica entre las audiencias. Claro que también existe el intelectual idiota-útil, pero ese rol es de corto recorrido, ya que la principal carta de presentación de un intelectual es su credibilidad, su autonomía y su independencia de pensamiento. Los más prestigiosos deben aparecer “como imparciales de su páramo o amarra socio-económica. (2005:113)

En un interesante paralelismo, Fuller compara a los superhéroes surgidos de los cómics con el intelectual híper-moderno, señalando que el intelectual casi héroe internaliza tanto la eterna vigilancia como la paranoia. Para intelectuales y superhéroes las estructuras sociales son sitios disponibles para la actual lucha entre Dios y el diablo. Lo que encarna a Dios una semana puede encarnar al diablo en la otra. El intelectual heroico nunca deja cazarse, y su independencia debe ser preservada.

Existen normas para ser un intelectual. Con cierta ironía, Fuller señala cinco reglas (2005:3):

1. Aprender a ver las cosas desde múltiples puntos de vistas, sin perder la habilidad para evaluarlas. Siempre en algún momento necesitarás tomar una decisión acerca de qué creer en esas diferentes perspectivas.

2. Estar dispuesto a comunicar cualquier pensamiento en cualquier medio. Las ideas trascienden su medio de comunicación.

3. Nunca consideres un punto de vista como completamente falso o bajo desprecio. Está lleno de errores y verdades a tu alrededor y nunca realmente puedes estar seguro cuál es cuál.

4. Siempre ve tu opinión como un contra-balance más que reforzando otra opinión.

5. En debates públicos, pelea tenazmente por la verdad, pero concede errores graciosamente.

Una sexta regla podría ser el sentido de la oportunidad para lanzar ideas propias o convalidar ideas ajenas. Hay un momento en que el mercado y los media empiezan a descartar ideas y lanzar otras. Demasiado temprano, cuando una idea es completamente desconocida y lucha por hacerse un lugar entre otros paradigmas, el intelectual puede aparecer insensible ante la evidencia. Pero demasiado tarde, aparecerá como un mero seguidor de la moda. Ahí está el valor del timing para surfear la ola de la mejor idea.

Por otra parte, Fuller, profesor de Sociología de la Universidad de Warwick, dedica un espacio destacado de su obra a la relación entre el profesorado universitario y los intelectuales (a veces la misma cosa, claro). Según Fuller, “La universidad ha sido históricamente la tierra de educación de los intelectuales. La introducción de la profesión del profesorado en el siglo XIX provee aspiraciones intelectuales con la oportunidad de ejercer líneas de cuestionamiento con impunidad, desafiando al saber recibido. Este aspecto esta cambiando en el siglo XXI, y parece estar en un declive terminal.” (2005:2)

Es cierto que la universidad no constituye el total universo del discurso público, pero provee una buena plataforma para la formación de intelectuales, aunque esto esté cambiando con la nueva dinámica de formación de profesionales según las demandas del mercado que impera en la planificación universitaria actual. En este sentido, Fuller señala la relevancia de trabajar alrededor de diferentes disciplinas tanto en la investigación como en la enseñanza, otorgando un entrenamiento académico ideal para los intelectuales. También nos ofrece un consejo: “Si tu eres un intelectual a punto de retirarse resiste la tentación de anular el libre alcance del, a menudo, imprudente espíritu que marca los primeros pasos de la crítica intelectual de tus alumnos o discípulos. Es demasiado fácil invocar reglas o estándares que tu conoces.” (2005:4)

No quiero finalizar esta crónica de The Intellectual sin señalar unos párrafos sobre otros dos aspectos que trata el autor como el rol de los sofistas y la responsabilidad negativa. Según Fuller, los sofistas han estado en descrédito 2500 años gracias a Platón. Los de la antigua Grecia no vendían ideas, sino que ayudaban a sus clientes a ganar pleitos o juicios y a dominar a la opinión pública. Con mayor prestigio, los sofistas de hoy escriben libros de autoayuda o son gurúes en sus respectivas disciplinas. Para unos o para otros, una idea es sólo buena en función de la acción que permite. Una importante lección sofista es que la gente típicamente comete errores en el pensamiento y en la acción porque carecen de un claro sentido de lo que ellos quieren, de una perspectiva acabada para tomar una decisión más precisa. ¿Es este planteo incorrecto? Desde esa lógica podemos equiparar a los sofistas con los intelectuales. La experiencia otorga calidad a nuestras acciones.

Otro argumento valioso de la obra es la relevancia de los intelectuales en la percepción de la responsabilidad negativa de los actores sociales. El autor da el ejemplo del terremoto de Lisboa en 1755, con 30000 muertos, y la reacción de la época. Citando las fuentes de la época, Fuller señala que los teólogos acusaron a la divina justicia, Voltaire dijo que simplemente se demostró la indiferencia de la naturaleza por la humanidad, Pero Rousseau responsabilizó a los lisboetas por haber construido mal y mucho en una zona peligrosa de la ciudad. “En ética eso es la responsabilidad negativa. Lo que pude haber hecho y no hice para que algo suceda. La carga de responsabilidad negativa pesa más en el erudito y en poderoso.” (2005:29). Aquí también hay otro valor agregado en la tarea de los intelectuales, ser un ojo blindado y perspicaz ante las responsabilidad negativa que tienen los poderes del Estado y denunciar con independencia lo que no se hizo y se debía hacer. Disculpen, un post NO debe ser tan largo. Termino aquí ansioso de respuestas críticas a esta reseña. Todas serán bienvenidas.

Traducción libre del inglés de la obra. No disponible en castellano.

6 Comments:

Blogger carlos scolari said...

Vuelvo a la carga ... me parece que en toda esta historia hay un abuso del concepto de "intelectual": para este autor el único intelectual es el que "ennoblece a la humanidad proveyendo oportunidades para la resistencia" ... por favor, detrás de cada catástrofe generada por el hombre (llámese holocausto, Hiroshima o guerra al terrorismo) hay una marea de pensadores y de masa gris al servicio del poder de turno. Me parece reduccionista llamar "intelectual" sólo a los pensadores "que resisten" y se oponen al poder de los media ... en la visión de Fuller se acumulan tantos mitos y banalidades que no alcanzaría un comentario de 200 líneas para enumerarlos ...

julio 12, 2005

 
Blogger gloriagdiago said...

Je¡¡
y yo a la descarga:))
el caso es que hago una lectura muy animada del post de Hugo (gracias. En este caso, hay 2 parte buena).

Y me quedo con la importancia que para los intelectuales debe tener el plantearse cosas y preguntar por qués. (claro q habrá algunos que lleven las respuestas a su propio beneficio o al de causas no nobles pero...¡así es la vida¡)

Yo estos días he estado concimendo a Rorty (chapuzón y buceo con Richard Rort, en http://comunisfera.blogspot.com/ y, podremos estar más o menos de acuerdo pero salpica intelectualidad, o aleteo (por lo del zambullido) de neuronas.

Un saludo¡

julio 12, 2005

 
Blogger carlos scolari said...

Por cada Rorty (imperdibles las discusiones con Umberto Eco en "Interpretación y Sobreinterpretación") hay 35 Fukuyamas que venden espejitos de colores muy racionales y exquisitamente fundamentados.

julio 12, 2005

 
Blogger Marina Quiñones said...

...por qué no puede ser largo un post? me gustó leerlo! (también está lo de más+++ opción...)

En parte coincido con Carlos, ojalá hubiera más Rorty(s)...destacados. Tienes acceso a "las discusiones" en algún sitio on-/off-line? :-)

Me atrae del extracto de Fuller el "timing" para "surfear"..., re-conociendo una buena ola y "el sentido de la oportunidad" todo un arte...

Tengo ciertos problemas con "responsabilidad negativa"...y la distinción: ("intelectuales"/"actores sociales"), ... presentación Platónica de las cosas...? plantada también cuanto a la existencia de errores y verdades...

Coincidencia con el "interesante paralelismo" que presenta Hugo...subrayando ironía en especial para el punto 3?

Me inquieta un poco la conexión "universidad-intelectuales" como necesaria...y la relación con calidades/tiempos históricos...remite a destaque de "historia oficial"...

Interesante "chapuzón y buceo" Gloria... voy a explorar el blog....

julio 13, 2005

 
Blogger gloriagdiago said...

maría
a mí también me ha sugerido mucho lo de el "timing" para "surfear"...¿será el calor que nos aprieta?:) y las ganas de practicarlo?

Scolari: gracias por la imagen de esos fukuyamas con espejitos

julio 13, 2005

 
Anonymous Carlos Carpintero said...

Intelectuales, ¿más o menos cerca... de qué? ¿Los intelectuales (o al menos, los denominados "intelectuales de la resistencia") sobrevuelan la sociedad? ¿Cómo hace el intelectual para des-tejerse de la trama donde está y lograr una cierta autonomía relativa que posibilitaría su visión crítica? Ciertamente, no hablamos de los gurús, pero, ¿qué atavío aseguraría la etiqueta de intelectual? Inicialmente, me pregunto de quiénes hablamos cuando hablamos de intelectuales. ¿Estoy leyendo la crónica de la obra de mala gana o me perdí un capítulo de South Park?

julio 17, 2005

 

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